About me & the site

Se estrena blog: sigueme

¡Hola y bienvenido a mi web! Soy Sergio Alcarazo y enseñar es definitivamente mi vocación y por suerte mi trabajo. Vivo en la costera ciudad de Alicante. La FOTOGRAFÍA es, sin duda el hobbie con el que mas disfruto y al que dedico cada momento que encuentro en día a día.

Finalmente he decidido abrir este sitio para compartir la forma en que veo el mundo a traves de mi objetivo. Un mundo lleno de lugares increibles, gente intresante y curiosidades y aventuras esperando a ser vividas.

La verdad es que empiezo este proyecto porque siento la necesidad de enseñar lo increíble que puede ser la vida cuando lo miras con otros ojos. Mi cuenta de Instagram (@sergioalter) me ayuda a publicar y compartir parte de esas “cosas” que me conmueven o fascinan. Eso es todo.

Momentos perfectos tomados para disfrutar.

Hi and welcome to my website! I…

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Me pregunto…

Me pregunto como sería el mundo si tanta relación y romance extraedulcorado e hiperidealizado… 

Me pregunto que sería de nosotros y del amor sin mas perspectivas que la nuestra Sin tanto miedo. Sin tanta expectativas
Hace ya mucho que solo me pregunto… 

Si tú quisieras…

Y entonces ella compartió esto…

La pieza que me falto

Si tú quisieras te regalaría mis buenos días sin importarme quien de los dos fue el último en darlos. Si tú quisieras te desayunaría a besos y sonrisas, con la única condición de que el segundo turno sea para mí.

Si tú quisieras me cogería de tu mano y te arrastraría a todos los sitios a los que siempre he querido llevarte, lugares mágicos, más mágicos aún si puedo disfrutar de tu compañía.

Si tú quisieras te ofrecería mis mejores días, esos en los que todo son risas y carcajadas, siempre y cuando te quedes a mi lado en los grises y me abraces como nadie más sabe hacerlo.

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Si tú quisieras te prepararía el café como te gusta: solo y con dos cucharadas de azúcar listo para tomar, pero te tocaría a ti preparar las tostadas.

Si tú quisieras podría convertirme en tu mejor confidente, tu mejor baúl para…

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Oda al lugar de donde vengo 

A veces, cuando estoy agobiado o mi realidad y mi rutina me sepultan viajo a mi mundo. Donde no se opina ni se hiere. Donde no hay guerras ni conflictos armados, porque no existe la intolerancia ni esa maldad con la que tanto intima el ser humano de este mundo al que no tengo ningún interés en pertenecer. 

Allí, de donde yo vengo, puede alabarse la belleza sin miedo a ser tachado de pervertido o suscrito a cualquier tipo de etiqueta. No existe la pobreza porque nadie posee, solo comparte, porque son conscientes de que lo humano prima sobre lo material y ninguna vida merece ser más feliz que otra y allí, por suerte, eso es lo único que importa. 

En el mundo del que vengo no hay lugar para el miedo a la exclusión, el rechazo o la discriminación. Nadie se cree mejor que nadie, porque realmente nadie lo es y la individualidad no solo se tolera, sino que se aplaude.

Allí nadie tiene miedo a decepcionar, porque nadie establece para otros meta o límite alguno que le impida soñar, porque nadie necesita más alas que las de la autoconfianza y el apoyo para poder volar alto. Muy alto

La gente de mi mundo no envidia ni desmerce. No destruye ni encadena la grandeza por estúpidos complejos de inferioridad.

Allí nadie juzga porque nadie espera ser juzgado y tampoco critica lo que no entiende, porque han descubierto que las palabras y comentaros negativos no sirven más que para mutilar la felicidad de quien las sufre.

La vida allí es feliz y la felicidad la única forma de vida

Allí de donde yo vengo ya no existe. Ya no recuerdo siquiera si alguna vez existió de verdad, pero si alguna vez lo hizo, su inocencia y majestuosidad intimidaron a la raza humana y sufrió el terrible destino que sufre la diferencia, la novedad y la belleza en el lugar donde ahora simplemente sobrevivo. 

 

Ella vive al otro lado

Enfrente.

A unos pocos pasos. Siete como mucho

Como cada mañana nuestro rellano sirve de pasillo y convierte en una sola su casa y la mía. Recién despierto en medio del fragor de aquellas frenéticas mañanas me lavo la cara y me aseo lo justo para vestirme y coger las cosas del colegio que un día mas he dejado preparadas la noche de antes.

Si algo me enamora dentro del estrés de estas mañanas de colegio es atravesar la puerta de su casa. Con solo cruzar el marco de la puerta de madera original puedo inspirar de su rutina la tranquilidad, el orden y la normalidad que le falta a mi todavía joven existencia.

Dejo mis cosas en el umbral de la puerta y entro en el salón. El de este lugar es un olor familiar y su calidez, que me abraza  irremediable y efusivamente, va acompañada de un profundo sentimiento de acogida. 

Sin duda, este también es mi hogar. 

Por el pasillo escucho a su madre avisarle de mi llegada y si guardo silencio incluso puedo apreciar el hilo obediente de su voz. (Como quiero yo a su madre como a una segunda madre. Y como la quiero a ella. Si soy completamente sincero, me resulta imposible imaginarme la vida sin esas dos personas que parecen haberse instalado indefinidamente en mi felicidad)

En cuanto está preparada entra por Sin títulola puerta blanca del comedor vestida con esa falda del uniforme que tanto aborrece pero tan bien le queda. 

Una vez acomodados en el enorme sofá llega nuestro ya tradicional desayuno: un enorme tazón de cereales de chocolate que desaparecen en apenas unos minutos por esa adicción al dulce tan propia de la infancia y con el perímetro de nuestras bocas oscurecido por un marrón oscuro a causa de la altísima concentración de chocolate empuñamos nuestras cañitas y  competimos por ver quién acaba antes (esa es una de tantas cosas que ha conseguido contagiarme: su manía de beberse la leche con una cañita)

Si hubiera pedido una en mi casa para acabarme el vaso de leche no habrían faltado las caras de desaprobación y algún comentario a cerca de lo estúpido de la propuesta. 

En nuestros particulares desayunos sobre la mesa de café nunca falta de fondo nuestra serie de siempre o alguna de su colección de cintas de David el gnomo o Pippi Calzaslargas. Es todo un ritual. No necesito mucho más. Su compañía me tranquiliza y me inmuniza. Los problemas del colegio se hacen pequeños cuando lo dejo atrás si tengo por delante otra de nuestras mañanas de siempre.

En su casa. En nuestro pequeño mundo. Donde no hay más normas o leyes que las que nuestras. El lugar perfecto y libre de pelígro para dejar volar nuestra imaginación.

Ella es mi vecina. No recuerdo exactamente el momento en que nos conocimos, pero por mucho que me remonte no consigo recordar mi vida antes de ella, aunque si recuerdo y siempre recordaré su cara con toda claridad y detalle. Su bondad. Nuestra inocencia. Nuestra confianza. Nuestra complicidad. Nuestra perfecta relación

Mi puerta es la de siempre y se que en algún lugar de la fría Noruega se levanta esa puerta que completa el otro lado del nuestro rellano.

Cada mañana es inevitable acordarme de ella mientras de la mano del recuerdo, traspaso una vez más el umbral de aquel 7°B y me adentro entre aquellas paredes impregnadas por el recuerdo de tantas risas, miradas y momentos vividos que hicieron de la nuestra la mayor y mas pura de las amistades. Una amistad de infancia. De siempre y para siempre. Ese tipo de amistad que vence a la distancia y hecha mano del recuerdo y el cariño cuando el tiempo se dilata.

Ojalá tenga todo lo que quiera y se proponga porque sin duda ella se lo merece.

Con unos ojos empañados por la nostalgia te doy las gracias.

Gracias por todo… 

Gracias por tanto.

Con MUCHO cariño: Tu pequeño vecino

Amor virtual

No era como siempre la había imaginado.

Su pelo era rubio y, aunque excesivamente corto, podía apreciarse el cariño y la despreocupación con los que lo aireaba.

¿Sus ojos? de un intenso azul claro, de los que invitaban a bañarse y dejarse perder. De los que desnudaban con solo mirarlos.

¿Su sonrisa? de las que enamoran en cualquier bar, de las que lo consiguen todo cuando descuidadas dejan entrever sus dientes. Única. Del tipo de sonrisa que inspira canciones y enloquecen a los pintores.

¿Su mirada? profunda, de las que desarman, como en esas escenas en que ambas coinciden y las cabezas se agachan buscando reunir fuerzas para el siguiente contacto. Ese tipo de mirada donde es fácil sumergirse y difícil salir por lo mucho que atrapa y lo poco que cansa.

La distancia dejó de ser un problema después de aquella primera llamada. Ruborizados aunque sonrientes. Vergonzosos pero decididos, como en cualquier otra cita en carne y hueso, pero a través de aquel pequeño objetivo.

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Me confieso adicto e irremediablemente enamorado.

Adicto a ese toque romántico que solo añade tanta distancia. A creer que te has olvidado de mí y que me sorprendas con una de esas fotos que tanto me animan. A dejar a mi mente construirnos un lugar perfecto donde vernos y dar rienda suelta a lo nuestro.

Adicto a que todo parezcan complicaciones y hasta el idioma a veces sea un problema. A esa capacidad que solo tu tienes para convertir en virtudes tantos defectos y complejos y creerme perfecto. A esas cosas que nos decimos. A tus buenos días y a ese “buenas noches” que nos damos a regañadientes mientras intentamos que nuestros ojos no se cierren.

Adicto a TI y a lo nuestro.

Porque solo nosotros sabemos lo mucho que sentimos aún sin poder tocarnos. Lo que nos consuela acariciar la pantalla e imaginarnos abrazados al otro lado. Solo nosotros sabemos lo que es quedarnos mirándonos en silencio, incapaces de dejar escapar de vez en cuando una pequeña sonrisa que cambia de significado a cada rato.

Un mirada cargada de picardía, de comprensión, de complicidad y nostalgia. Una mirada compasiva, conformista, cansada, resignada… pero siempre enamorada.

Nadie nos dijo que podía existir algo así, y siempre nos empeñamos en buscarlo en alguien que tuviéramos a mano. Pero aquí sigo, esperando ansioso cada noche para volver a vernos y dormirme con el sonido tranquilizador y cercano de tu respiración al otro lado.ciberamor

Déjame decirte que somos expertos en el arte de querernos y que no cambio por nada este amor con tintes platónicos y pinceladas de esperanza que a menudo se nos escapa con tanto camino de por medio.

La nuestra es una bonita historia. De las que suenan imposibles y piden a gritos un apoteósico y perfecto encuentro en cualquier punto intermedio.

Así contamos lo nuestro. En horas de conexión, fotos y mensajes de texto. 

El amor es amor. La distancia solo un pretexto. 

Tengo ganas

 Hoy es uno de esos días que tengo ganas y no de comerme el mundo. Tengo la necesidad de necesitar. De amar. De abrazar, de besar.

Tengo ganas de volver a sentir.

La indecision se suma a mi “acomodada” situación y a la aparente burbuja de felicidad que parece rodearme de cara a mi complacido y a veces tan exigente público y ya veo difuminados los muchos planes y cosas que un vez tuve tan claros. Puedo ver como se alejan de mí, como se esconden entre mis expectativas. Como se funden en lo agradable de mi rutina.

Estoy cansado de tantos consejos faciles que no me son aplicables. De tantas frases que no estan hems_original_12395chas para mi. Estoy cansado de estar solo y por eso tengo ganas.

Tengo ganas de verme al otro lado y no como mero expectador de esa felicidad que derrochan los enamorados cuando se abrazan, cuando se besan, cuando se sienten… Cuando se tienen.

Tengo ganas de volver a tener ganas. De volver a perseguir aquel sentimiento que tanto hace ya se quedó dormido y aun dormita. De no acobardarme. De no echarme atras. De ir solo hacia delante. De no tener miedo a enamorarme. De no evitarlo todo por miedo a que acabe en nada.

De volver a caer en aquella mágica limerancia.

Tengo ganas de volver a tener a ese alguien que me quite el sueño, a quien poder llamar ELLA.