Amor virtual

No era como siempre la había imaginado.

Su pelo era rubio y, aunque excesivamente corto, podía apreciarse el cariño y la despreocupación con los que lo aireaba.

¿Sus ojos? de un intenso azul claro, de los que invitaban a bañarse y dejarse perder. De los que desnudaban con solo mirarlos.

¿Su sonrisa? de las que enamoran en cualquier bar, de las que lo consiguen todo cuando descuidadas dejan entrever sus dientes. Única. Del tipo de sonrisa que inspira canciones y enloquecen a los pintores.

¿Su mirada? profunda, de las que desarman, como en esas escenas en que ambas coinciden y las cabezas se agachan buscando reunir fuerzas para el siguiente contacto. Ese tipo de mirada donde es fácil sumergirse y difícil salir por lo mucho que atrapa y lo poco que cansa.

La distancia dejó de ser un problema después de aquella primera llamada. Ruborizados aunque sonrientes. Vergonzosos pero decididos, como en cualquier otra cita en carne y hueso, pero a través de aquel pequeño objetivo.

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Me confieso adicto e irremediablemente enamorado.

Adicto a ese toque romántico que solo añade tanta distancia. A creer que te has olvidado de mí y que me sorprendas con una de esas fotos que tanto me animan. A dejar a mi mente construirnos un lugar perfecto donde vernos y dar rienda suelta a lo nuestro.

Adicto a que todo parezcan complicaciones y hasta el idioma a veces sea un problema. A esa capacidad que solo tu tienes para convertir en virtudes tantos defectos y complejos y creerme perfecto. A esas cosas que nos decimos. A tus buenos días y a ese “buenas noches” que nos damos a regañadientes mientras intentamos que nuestros ojos no se cierren.

Adicto a TI y a lo nuestro.

Porque solo nosotros sabemos lo mucho que sentimos aún sin poder tocarnos. Lo que nos consuela acariciar la pantalla e imaginarnos abrazados al otro lado. Solo nosotros sabemos lo que es quedarnos mirándonos en silencio, incapaces de dejar escapar de vez en cuando una pequeña sonrisa que cambia de significado a cada rato.

Un mirada cargada de picardía, de comprensión, de complicidad y nostalgia. Una mirada compasiva, conformista, cansada, resignada… pero siempre enamorada.

Nadie nos dijo que podía existir algo así, y siempre nos empeñamos en buscarlo en alguien que tuviéramos a mano. Pero aquí sigo, esperando ansioso cada noche para volver a vernos y dormirme con el sonido tranquilizador y cercano de tu respiración al otro lado.ciberamor

Déjame decirte que somos expertos en el arte de querernos y que no cambio por nada este amor con tintes platónicos y pinceladas de esperanza que a menudo se nos escapa con tanto camino de por medio.

La nuestra es una bonita historia. De las que suenan imposibles y piden a gritos un apoteósico y perfecto encuentro en cualquier punto intermedio.

Así contamos lo nuestro. En horas de conexión, fotos y mensajes de texto. 

El amor es amor. La distancia solo un pretexto. 

Tengo ganas

 Hoy es uno de esos días que tengo ganas y no de comerme el mundo. Tengo la necesidad de necesitar. De amar. De abrazar, de besar.

Tengo ganas de volver a sentir.

La indecision se suma a mi “acomodada” situación y a la aparente burbuja de felicidad que parece rodearme de cara a mi complacido y a veces tan exigente público y ya veo difuminados los muchos planes y cosas que un vez tuve tan claros. Puedo ver como se alejan de mí, como se esconden entre mis expectativas. Como se funden en lo agradable de mi rutina.

Estoy cansado de tantos consejos faciles que no me son aplicables. De tantas frases que no estan hems_original_12395chas para mi. Estoy cansado de estar solo y por eso tengo ganas.

Tengo ganas de verme al otro lado y no como mero expectador de esa felicidad que derrochan los enamorados cuando se abrazan, cuando se besan, cuando se sienten… Cuando se tienen.

Tengo ganas de volver a tener ganas. De volver a perseguir aquel sentimiento que tanto hace ya se quedó dormido y aun dormita. De no acobardarme. De no echarme atras. De ir solo hacia delante. De no tener miedo a enamorarme. De no evitarlo todo por miedo a que acabe en nada.

De volver a caer en aquella mágica limerancia.

Tengo ganas de volver a tener a ese alguien que me quite el sueño, a quien poder llamar ELLA.