Carta a mi futuro yo

Querido y compulsivamente enamoradizo YO:

Soy tu. 

Tu yo mas cercano. 

Tu yo, el que aun tiene el corazón en el puño. 

Tu yo, el que acaba de sufrir una vez mas la sensación de derrota y desesperanza que trae consigo el duro y certero flechazo del “desamor”

Puede que cuando releas esto pienses que eres imbécil. O que te digas eso de: “con este tipo de cosas no me extraña que las cosas me vayan como me van”, pero te conozco. Se lo que piensas, como eres, lo que sientes y como en poco tiempo volverá a cambiar todo en esa cabeza. Por eso te escribo.

Te escribo porque se que lo necesitas. Porque me he cansado de verte sufrir. Te escribo para que te acuerdes del dolor y así evites caer en la tentación que tan buena ocasión presenta la soledad. Tómate esta carta a modo de antídoto al que recurrir en caso de emergencia emocional. Ese tipo de emergencia que se desencadena cuando olvidas, tan rápido como lo haces, ese sufrimiento que tanto daño te hace.

Es perfecta para la ocasión esa frase que dice “olvidamos lo que debemos recordar y recordamos lo que debemos olvidar” Así que hoy quiero que recuerdes para que puedas olvidarla.

Quiero que te acuerdes de esa sensación de vacío que dejó. De su indiferencia y de la facilidad con la que cambiaba de opinión. Y tu con ella. De los silencios incómodos de camino a casa y de aquel beso en la mejilla que supo a punto y final. Sobretodo acuerdate de aquel beso amargo. Desolador. Que marcaba un desenlace. Que no dejaba lugar a la imaginación porque nunca volveríamos a tener que usarla.

Acuérdate de la facilidad con la que olvidó tanto dicho y tanto vivido y acuérdate de como aquella profunda tristeza te invadía y tu felicidad se precipitaban gota a gota por el asfalto y la acera que se turnaban mientras andabas cabizbajo y desesperanzado de camino a casa, sin mas objetivo que unas sábanas y una almohada donde rendirte sin miramientos. Donde cerrar los ojos y despertarte lejos de todo y de todos.

Acuérdate de todo para no volver a tropezarte. Que te sirva de ejemplo y sepas aprender de el, y cuando esa soledad eche mano del recuerdo lee esto, siéntate, cierra loso ojos y respira. Respira muy hondo.

Acuérdate de la conclusión a la que tantas veces ya has llegado y que con tanta facilidad se difumina en esa cabeza tuya. Para eso te escribo. Para no dejar de recordártela. Porque se de tu impaciencia, de tu amor por el amor, de tu bondad y de todas las veces que has perdido la esperanza por esa personalidad tan halagada por tantos y que tu tantas veces no puedes evitar ver como un gran lastre. Deja de buscar. Llegará. Te prometo que llegará.

Así es tu vida y así te lo ha demostrado la experiencia.

Y si por cualquier cosa no lo hace, no culpes a la vida o busques a quien echárselo en cara. Agradece tanto vivido y tanta gente encontrada en tu camino. Puede que te resulte difícil leer esto, dado lo sentimental y enamoradizo de tu esencia, pero deja de soñar con esa vida que no tienes para empezar a apreciar esta que esta llena de amor. De amor puro y desinteresado. Del que alimenta las ganas de vivir. Del que no se corrompe. Del que no tiene fecha de caducidad.

Atte. TÚ

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