Premio Best Blog II

Esta entrada te la dedico Marcial y la escribo como homenaje y agradecimiento por el fiel seguidor y lector que eres. Por tu comentarios, tu apoyo y tus frases que tanto me alientan y me liberan de esa pereza y desgana que a veces se apodera de mi.

Recibo este premio a mi joven e inexperto blog con la ilusión de un primer premio y la alegría de saber que alguien lee y disfruta con esta pequeña parte de mí que dejo salir, en forma de palabras bañadas de experiencia, con tintes de realidad, fantasía y utopía a partes desiguales.


Si bien evito publicar por publicar hoy me permito la libertad y el atrevimiento de contestar a una gran pregunta que se adjuntaba en el premio:

best-blog1¿De que hablas en tu blog?

Pensando en la respuesta se me viene a la mente otra pregunta muy relacionada con el tema: el porqué del blog. El porqué de escribir.

Puede que hasta hoy no haya tenido demasiado claras las respuestas, pero las preguntas me han hecho reflexionar y ha acabado siendo sorprendentemente sencillo y enriquecedor.

En mi blog hablo de todo y de nada. De lo que fue, de lo que pudo ser y de lo que nunca sera. Doy a mi experiencia una nueva dimension. Mas distorsionada, pero mas perfecta y ansiada.

Me desahogo. Me deshago

Como decía un artista al que admiro: “No me considero una persona triste” Con mis palabras puedo sentir todas las emociones. Sonrío, tiemblo y me enfado. Río, lloro y ardo. Me inquieto. Me desespero .

Viajo y me desnudo. Aparezco y desaparezco. Dejo que mis palabras vivan tanta pasión contenida, tantos gritos silenciados y tantos llantos evitados. Que cierren cicatrices y que calen. Las dejo que entren y salgan, que vivan y revivan por mi, y me permito cometer la insensatez de dejar que mi corazón y mi mente se apoderen de mis manos y bailen sobre el teclado o cualquier material que sirva de medio para tal fin.

Las letras y las palabras son mis aliadas. Las únicas que tuve, tengo y tendré. Las únicas de las que me fío. Las únicas que nunca me harán daño, porque son mías.

Me emociona escribir y creerme autor en este inmenso océano de información y creerme solo. Porque no pretendo trascender más que tantas dudas, tanto dolor y tanta obsesión.

Me reconozco un loco, por creerme autor, pero disfruto con el sonido de mis teclas y con un puñado de palabras que guiadas por un fugaz momento de inspiración se ordenan en tu mente a la vez que aparecen en el papel, quedando para siempre mías.

Me fascino pensando en la forma en que el autor convierte en arte su dolor y se apodera del desconsuelo. En la forma en que se alía con la angustia y me rindo ante esa capacidad envidiable con la que viste con palabras aterciopeladas la realidad sobrecogedora que lo supera.

Bendito arte

Disfruto con esa metamorfosis y envidio la forma en que se hace inmortal. Cómo da la oportunidad sin exhibirse. Tímido pero ansioso a la vez. Para el que lo quiera. Para el que sepa apreciarlo, como un diminuto tesoro

Este es mi tesoro. Mi pequeño tesoro

Me encantaría que mis palabras sirvieran de motivación. Que os enamoren. Que os acojan y sepan consolaros. Que lleguen lejos. Que no sean en vano.

Porque adoro escribir y espero no dejar de hacerlo. Porque me encantaría ser publicado pero no “vivir del cuento”

Emocionar con una buena historia.

Hacer que tanto valga la pena.

POR ESTO ESCRIBO

Perfecta recaída

Como dos adolescentes descubriendo por primera vez la seductora libertad de la madrugada. Con horas de minutos infinitos, con minutos de segundos eternos. Por delante toda la noche y algunas copas de alcohol barato. Bebiéndonos la vida. Disfrutándonos a tragos cortos.

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“Así no”, repetía una y otra vez mientras me estremecía con las caricias de sus labios rozando mi cuello a un ritmo que ganaba velocidad y pasión con cada beso.

“Así no” me repetía sin demasiada credibilidad apartando sus labios de los míos buscando inspirar en el aire húmedo y cálido que se mezclaba con su perfume el oxigeno suficiente para la siguiente arremetida.

Aquella noche solo cometimos el error de dejar de besarnos. Tan pronto nos hubimos alejado lo suficiente fue inevitable no pedirnos explicaciones, arrepentirnos y reabrir viejas heridas del pasado. Los reproches afilados se hacían paso hasta llegar a las puertas de unos corazones encogidos por un puntual recuerdo amargo.

Superados los primeros segundos de esa tensión que desata la sinceridad y un silencio incomodo llenado únicamente con el ritmo de nuestros pasos conseguimos desahogarnos. Desnudarnos.

Ella recuperaba parte de su encanto mientras cicatrizaba mis viejas heridas con prudentes gestos y palabras de consuelo.

Siempre me conoció bien.

Mientras perdíamos fuelle íbamos ganándonos y cada asunto cerrado nos devolvía parte de la ilusión que había quedado sepultada debajo de tanto rencor e incertidumbre hasta dejar al descubierto aquel recuerdo.

Nuestro recuerdo.

Le confesaba a la cara lo que le escribía hacia años Ahora era increíblemente fácil. Sin mas consecuencias que una profunda tranquilidad.Habíamos crecido. Habíamos madurado

Ni siquiera nos importó que aquella no acabara como las demás noches. Aquella versión perfeccionada por la empatía parecía hacerla mas humana e irresistible.

De aquella noche me quedo con aquel final, aquella apoteósica explosión de sentimientos. Me quedo con nuestras cabezas buscando una complementariedad perfecta, el olor de su nuca y nuestras manos entrelazadas acariciándose despacio. Con ternura.

Era bonito.

Era romántico.

Era perfecto.

Sentados en aquel banco con el sol saliendo a nuestras espaldas me sonreía por lo tópico y utópico de la estampa. Su habitación a pocos metros y nosotros aprendiendo a ir despacio. Por fin el tiempo nos daba la segunda oportunidad que nos merecíamos. A pesar de todo… Después de tanto.

Un ultimo ” nosotros” antes de cerrar el eterno capitulo. Antes de dejarnos seguir con nuestro particular presente endulzado por aquel inesperado pero puntual momento en que dimos rienda suelta a tanta pasión contenida.

Que bonita la vida

En aquel preciso instante supe que quería dejar de saber

lo que desgraciadamente ya podía ver demasado claro.

Que la vida se construye a pedazos:

unos amargos y otros no demasiado malos.

La vida,

Que parece correr, alejarse y doblar la esquina,

que nos sorprende con recaídas y balas perdidas

A la vista de cualquiera que extrañe y se pregunte,

Al alcance solo del valiente que persigue.

Que rencorosa cuando nos devuelve el ultimo revés que creímos haberle asestado

en un giro inesperado con tintes de una familiar paleta de colores apagados.

Y que bonita la vida,

Que aunque celosa, nos cede la ultima pagina de cada historia para hacerla nuestra.

Para hacerla eterna o desteñirla de su mas pura esencia

Que bonita la vida

que se apiada de tu llanto y sin pensarlo

se vale de cualquier tipo de encanto.

La fotografía mental de un momento

que despierta esa nostalgia que por pocos segundos deja sin aliento.

Una sonrisa. Un beso. Un buen recuerdo.

El perfecto combinado para ese tipo de locura que siempre acecha al cuerdo.

Medido con cautela para no dejar tiempo a la mente.

Que tanta esperanza amenaza con tan peligroso calmante

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